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Navidades locas entre arena y zombies [Abigail Roth]

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Mensaje por Leopold Hart Sáb 18 Nov 2023, 21:30

Veinte de mayo de 2015.
Las Vegas, Nevada.
Mediodía - Temperaturas cálidas.


Me encontraba lejos de Silver Lake, muy lejos, pero no importaba, necesitaba alejarme si quería dar con nuevos útiles para mi pequeño taller. En más de una ocasión había pedido ciertos productos que nadie había sabido localizar, así que creí oportuno que fuera yo mismo en busca de ellos. Era consciente de que no debía ir solo, pero igualmente me acompañaba Rose. La caravana que había encontrado a principios del brote y que había servido como mi hogar durante todo este tiempo. Rosalie, así la llamaba había sido perfecta, tanto para viajar como para refugiarme en Silver Lake, en ella había improvisado un pequeño taller y estaba totalmente seguro de que era la envidia de todos los integrantes del refugio.

Había conducido kilómetros y kilómetros hasta llegar a Nevada. Sabía que en aquella ciudad encontraría lo que buscaba y bueno... Había sido mi hogar durante un tiempo largo, realmente se trataba del único sitio del país, seguramente, que mejor conocía. Pero a mi llegada sentí una enorme pena, no era la ciudad que recordaba, ya no era ese lugar donde las luces brillaban. Las rumores eran ciertos, la arena había seguido avanzando hasta cubrir en su mayoría sus grandes calles. Rosalie avanzaba lentamente por estas y no se veían caminantes, pues todos habrían quedado atrapados bajo la pesada arena o permanecerían en el interior de los enormes edificios. Los casinos, hoteles de lujo... Todos sobresalían por la arena gracias a su imponente altura. Detuve a Rose y bajé lentamente de la caravana. Cerré con llave y la guardé en mi bolsillo. Me costaba andar con tanta arena.

Ahora no era capaz de saber hacia donde iba. No recordaba las calles así y a saber por donde quedaría la tienda de electrónica que buscaba, seguramente estaría enterrada como el resto de edificios que no llegaba a localizar.

¿Y ahora hacia dónde voy? — fruncí el ceño pensativo y empecé a caminar lentamente sin darme cuenta de que cada vez estaba más cerca del Resort Palace. Observé el imponente edificio como se alzaba ante mi, podría escalar perfectamente una de las dunas y colarme en su interior por alguna ventana. Antes si quería pasar una noche allí debía pagar un riñón por una de sus habitaciones, ahora la cosa era diferente... Sonreí. ¿Por qué no? Subí la duna rápido a la vez que torpe, pues era difícil escalarla. La ventana estaba rota por lo que no tuve que hacer un gran esfuerzo para colarme en el interior.

Estaba en un pasillo desolado, el tiempo había hecho estragos en él, pero lo que más me sorprendía era la decoración de navidad. Claro, el virus se había comenzado a propagar por el mundo en aquellas fechas. Caminaba lentamente por el pasillo, había guirnaldas medio caídas, flores, un abeto en una especie de recibidor... Recogí un gorro de Papá Noel del suelo, lo sacudí y me lo coloqué en la cabeza. Sonreí divertido, tenía un hotel entero para mi solo... O eso creía yo. Podría hacer cualquier cosa, incluso revivir la navidad, ya que llevaba desde 2011 sin celebrarla como era debido. ¡Qué más da daba si estábamos en mayo o por ahí! No llevo las fechas muy bien, ¿alguien las lleva hoy en día?


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Mensaje por Abigail Roth Lun 20 Nov 2023, 19:58

Abigail se había marchado muy al oeste del país. Esta vez él no la acompañaba, era la primera vez que se separaba de él tras el brote, por lo que la mujer no se sentía del todo tranquila con su situación actual. Para qué engañarse, se sentía incómoda y asustada. Cualquier cosa la ponía alerta, cualquier ruido que escuchara por ínfimo que fuera provocaba en Abby puro pavor. Pero habían pasado ya unos días y comenzaba a acostumbrase, lo curioso era que aunque a veces no soportaba la compañía del hombre ahora lo echaba de menos como nunca. Sobre todo poder hablar con alguien y que esta persona respondiera.

¡Pero fuera dramas! Abigail estaba ni más ni menos que en Las Vegas, la ciudad del juego, de las luces, del pecado... Aunque no la recordaba tan... ¿así? Resultaba desolador ver como el desierto había seguido su paso una vez que la humanidad se quedó atrás. Ya no había nadie que limpiara la arena del desierto, nadie que detuviera su paso y esta había seguido por tanto su camino. Era triste, como justicia poética. Aquel lugar nunca había sido de nadie y ahora la naturaleza reclamaba lo que era suyo.

La intensa luz del sol del ddesierto dañaba su visión, así que decidió ponerse sus viejas gafas de sol, aquellas compañeras fieles de sus aventuras, junto a su cámara se podría decir que siempre habían estado con ella. La nikon descansaba, como no, en la mano derecha, colgada por la correa que había enrollado en el mismo brazo. Siempre la llevaba así, tal vez fuera una manía absurda en vez de llevarla como todo el mundo colgada del cuello, pero le resultaba incómodo de esa forma, y en la mano en cambio la sentía más cerca, más preparada y sobre todo más segura.

Sus pies se iban hundiendo en la arena, le costaba avanzar pero no resultaba un inconveniente realmente. Ascendió por la duna hasta quedar en lo alto de esta, las vistas eran sobrecogedoras: el cartel que daba la bienvenida a la ciudad estaba a medio caer, con una parte enterrada en el dorado desierto y bueno... como no hablar de la ciudad.

Al final tus luces se apagaron — Susurró con la vista fija en el paisaje. Sin llegar a apartar la mirada, Abby encendió su cámara de fotos, ajustó la apertura de diafragma, lo cerró del todo para obtener una mayor profundidad de campo, deseaba captar toda la escena posible y además la luz sería un inconveniente, eligió la velocidad apropiada que el exposímetro le indicaba y la sub-expuso un poco para que no salieran algunas zonas quemadas, enfocó y encuadró la escena: el cartel de bienvenida a la ciudad quedaba a un lado y la ciudad desolada detrás. Abby tomó una fotografía que no se podía describir más que por si misma, la pena es que pocos o nadie fueran a verla...

Tardó aproximadamente una hora en bajar hasta la ciudad, ya sería media tarde aproximadamente cuando la mujer logró llegar hasta uno de los hoteles más prestigiosos de la ciudad, al menos antes. Decidió ascender por una de las dunas que lo cubría, hasta una ventana rota. Abby estaba tan entusiasmada con la idea de entrar en el interior del Palace, que no vio las huellas en la arena. Había estado en un par de ocasiones allí, por galas benéficas de navidad o convenciones de fotografía y debía reconocer que siempre se lo había pasado en grande. Ahora le daba pena verlo así, pero igualmente le traía buenos recuerdos. Tampoco se puso a pensar que en el interior estarían los caminantes que no estaban en las calles... No pensaba en nada más, que tremendo error.

Vestía ropa sencilla, una camiseta de manga corta gris que seguramente era de Hunter y por eso le quedaba algo grande, sí, tendía a quitarle la ropa a su compañero cuando se quedaba sin ropa limpia, unos vaqueros algo desgastados y botas negras. Sacó de su mochila la vieja linterna que llevaba e iluminó el fondo del pasillo llevándose una buena sorpresa. Había una figura humana a unos metros de distancia de ella. Le pareció que admiraba la decoración navideña sino fuera porque Abby estaba convencida de que se trataba de un zombie. Se armó de valor y también con su machete en la derecha, una vez que guardó la cámara en la mochila. Avanzó rápida y sigilosa por el pasillo y cuando estuvo a una buena altura, aprovechando que no se había percatado de su presencia, Abby alzó el machete dispuesta a acabar con él, pero torpemente el zombie, por suerte de la vida... se apartó, haciendo que Abby fuera descubierta. El muerto viviente trató de atacarla y la mujer se apartó bruscamente con intención de evitar la mordedura.

Mierda — retrocedió aterrada, de espaldas por el pasillo, viendo como la criatura avanzaba torpemente hacia ella.


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Mensaje por Agent 4.0 Lun 20 Nov 2023, 19:58

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Mensaje por Leopold Hart Mar 21 Nov 2023, 20:38

El tiempo había hecho daño en las instalaciones de aquel lugar, algunas paredes contaban con el papel agrietado o rajado, también se vislumbraban manchas de sangre reseca por todas partes, el rastro se perdía en el final del pasillo, donde la oscuridad impedía ver algo más allá. Caminaba en esa dirección hasta que me percaté de que no portaba mi linterna y no deseaba adentrarme en un lugar en el que no podría ver nada. Por ello tomé la inteligente decisión de ir en la dirección contraria. En esa parte del pasillo había ventanas y lo iluminaban todo mejor, al igual que tampoco había necesidad de seguir el rastro de sangre. Eso sería muy poco astuto por mi parte, como ir directo a la boca del lobo.

A mi paso me topé con una pequeña salita ubicada en mitad del pasillo. Había una mesa de café en el centro y varios sofás la rodeaban, revistas tiradas por el suelo y sobre estos muebles... Serviría para los huéspedes o las visitas de estos. A saber, no me iba a plantear toda la estructura de aquel dichoso hotel o si esa salita tenía sentido ahí o no. Lo único que llamó poderosamente mi atención fue el gorro de Papá Noel que había colgado del perchero. Era bastante bonito y esponjoso, de calidad, nada que ver con esos gorros de tela fina que te encontrabas en los mercadillos por nada y menos. Lo recogí del perchero y tras sacudirlo un rato todo el polvo que tenía, que no era poco, me lo coloqué en la cabeza y proseguí con mi paseo.

Sonreía como si fuera un niño con un nuevo jueguete, me divertía llevar aquel sombrero, sin embargo todo se fue al traste de un momento a otro. El susto me lo llevé sí o sí. De pronto escuché un golpe en mitad del pasillo, así que no pude evitar dar un pequeño respingo. El ruido en cuestión procedía de algo más adelante y no podía ver de que se trataba porque el pasillo giraba hacia la derecha. Así que corrí sigiloso hasta la esquina y me asomé con cuidado. Solo veía un inmenso pasillo y entre medias otro perchero medio caído que estaba apoyado sobre la pared. Sonreí relajado, aunque mis nervios seguían ahí. — Solo era el perchero... — sonreí aliviado y con un suspiro me acerqué a colocarlo. — Pero... ¿Quién o qué lo ha tirado? — me pregunté en voz baja ahora casi petrificado y más nervioso que nunca. De la nada apareció un rostro macabro, lleno de heridas que supuraban algo de color verdoso, dientes negros y cara de enfado... Portaba un traje de color rojo, era bastante grande, con una buena barriga. Aquel tipo no debió vivir mal en su época.

Oh... — solté al ver el Papá Noel zombie que había salido de otra intersección del pasillo. Cabía destacar que le faltaba sombrero. — Así que el gorro es tuyo... — antes de que pudiera atacarme salí corriendo de allí. El zombie comenzó a perseguirme por los pasillos mientras que yo corría de puerta en puerta tratando de abrirlas todas, pero ninguna cedía y cuando ya comenzaba a darme por rendido, una abrió. Me colé por esta, cerré y me apoyé en la puerta para que Santa no me comiera. — ¡Juro que he sido bueno, ve a perseguir a otro! — exclamé mientras que presionaba la puerta hacia afuera para evitar que él pudiera entrar. Pero parecía que le había despistado, menos mal... Entonces me percaté de que estaba a oscuras. Rápido saqué del bolsillo de mi pantalón un mechero que no tardé en encender, se trataba de un cuarto de la limpieza, comprendí cuando una de las escobas se me vino encima y a punto estuve de gritar, pero no lo hice, ya había cumplido el cupo de cobardía del día huyendo del Santa zombie.


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Mensaje por Abigail Roth Dom 10 Dic 2023, 23:20

Lárgate, ya... — fue lo único que se pudo decir, tenía que huir, pero entonces recordó las palabras de él. No, tenía que intentarlo, tenía que acabar con él, no podía huir sin más. Respiró hondo y se armó de valor. Alzó el machete y fue directa a por él, alzó el machete para atacarlo, pero el zombie la sujetó por ambos brazos. La cara de Abigail fue de terror puro, la iba a morder y no podía empujarlo con sus manos. Abby trató de golpearlo con las piernas, con todas sus fuerzas para evitar que la mordiera, pero ambos cedieron ante la fuerza del caminante.

El grito que resonó en el pasillo no ayudó a que Abby se centrara en lo que estaba pasando, de hecho la descolocó aún más y el zombie acercó más aún, peligroso su cara contra el cuello de la mujer. Abby trató de retroceder más. Se removió con fuerza y locura, lo golpeó con sus pies y cayeron contra una mesa de cristal que había justo allí, en un hueco. El golpe que se llevó la hizo gritar por el dolor, el golpe la dejó prácticamente sin aire. Observó su costado, la sangre brotaba, tardó unos segundos en comprender lo que había pasado. La fuerza de la gravedad había tenido culpa en parte. Los cristales se habían roto y uno de ellos se lo había clavado en el costado izquierdo, resopló. El zombie estaba no muy lejos de ella, en el suelo, luchando patéticamente por ponerse en pie o tal vez tratara de arrastrarse a por ella. Abby se levantó como pudo, tiró de cristal para sacarlo. Igual era un grave error, pero no pensaba con claridad. El corte no era muy profundo, taponó la herida con su propia mano y comenzó a caminar ligero por el pasillo. Huyendo del zombie.

Mierda... — susurró mientras que empuñaba su machete en la derecha junto a la linterna, todo el tiempo apuntando hacia el final del pasillo del que procedía el ruido. Lo más seguro era que se tratara de un zombie más, pero sentía que no, que había sido de una persona, era un grito, era un grito de terror... miró hacia atrás, dolorida por los golpes y el corte. El zombie no la seguía aún. ¿Seguiría donde la mesa? Y entonces lo vio al final del pasillo, como iba tras ella, otra vez.

Giró por el pasillo y se quedó petrificada. — ¿Ahora también hay zombies tamaño familiar y edición de navidad? — preguntó para ella misma al ver al zombie de Santa caminar por el pasillo del hotel. Y eso hizo echar de menos la compañía del soldado otra vez...

¡Esto es surrealista! — exclamó cuando el zombie comenzó a perseguirla. Abby echó a correr como podía, en la dirección contraria, machete y linterna en mano. ¿Qué se suponía que debía hacer? Si con un zombie normal y corriente no podía a duras penas... ¿Qué se suponía qué iba a hacer con aquel grandullón y el otro?

Abby seguía corriendo, o más o menos, por los pasillos como una chalada, ninguna de las puertas que trataba de abrir cedían, así que seguía huyendo del zombie santa y de su amigo anterior. Le dolía todo, cada golpe, cada corte que se había hecho al caer... Aquel lugar era un laberinto y ya ni sabía por dónde iba. Ya comenzaba a sentirse cansada, tiraba todo cuanto se encontraba a su paso para ver si el zombie tropezaba o algo, pero ni el perchero, ni la silla, incluso sus pertenencias (que ya no podía apenas con ellas) provocaron que él se retrasara y cuando ya comenzaba a sentirse agotada se fijó en algo bastante curioso; las puertas del ascensor estaban entreabiertas.

¡Bingo! — exclamó creyendo que podría entrar y subir por la típica trampilla del techo. Aquel era un plan de lo más arriesgado, ya que todo podría fallar, pero es que no le quedaba de otra, con suerte el zombie se quedaría atascado entre ambas puertas. Cuando estaba a punto de entrar frenó en seco, pues... sí las puertas estaban entreabiertas, pero no había ascensor, tan solo el hueco de este. — ¡Joder! — gritó dando un pisotón en la moqueta, momento en el que se giró para ver que apenas la separaban dos metros del zombie barrigón y el colega de antes, ambos iban a por ella. Gritó y sin más remedio saltó por el hueco del ascensor. El grito prosiguió algo más...

No es que pensara suicidarse, no, Abby había visto que en el centro del hueco estaba la típica cuerda del ascensor, y típica porque la conocía de haberla visto en las películas. Se aferró a esta con todas sus fuerzas, valiéndose no solo de las manos, sino también de sus piernas. El zombie la siguió por el hueco, pero este no era consciente de nada y acabó precipitándose al vacío unos cuantos pisos abajo, seguido del otro también. — ¡Ay, ay, ay, ay...! — seguía quejándose ella con los ojos cerrados y no los abrió hasta que no escuchó el golpe que produjo aquel bulto de carne contra el suelo.

Cuando abrió los ojos de nuevo casi ni se lo creía... Se balanceó en la cuerda hasta que pudo volver y saltar dentro de la planta, con el corazón aún a mil por hora, le dolía todo, de la herida brotaba más sangre y volvió a taponarla con fuerza con su mano izquierda. Respiraba hondo en la moqueta. — Y que luego me digan que soy una negada para esto... ¡Toma ya! — sonrió, aún nerviosa, a punto de llorar incluso. Echó una mirada hacia atrás y cuando fue a peinarse se dio cuenta de algo: se había quemado un poco las palmas de las manos al aferrarse a la cuerda y dolía... Pero era lo de menos comparado con las otras alternativas. Y ahora la pregunta era... ¿Quién había sido el que había gritado antes?

Abby ni se movió, seguía tirada en la moqueta, sujetando su herida. Con la mirada perdida en el techo, había perdido todo, hasta la linterna y el machete en el trayecto, pero la cámara seguía colgada en su cuello.

«Esa cámara va acabar contigo». Recordó aquellas palabras a la vez que los sonoros gruñidos de los zombies comenzaron a resonar en el hueco del ascensor, no estaban muertos. Empezó a reírse en silencio, a la vez que rompía a llorar.

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Mensaje por Agent 4.0 Dom 10 Dic 2023, 23:20

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Mensaje por Leopold Hart Lun 11 Dic 2023, 20:05

¿Y ahora...? — sujetaba aún la puerta con ambas manos, a la vez que miraba en realidad nada, pues seguía a oscuras. Esperaba que el grandullón me encontrara en cualquier momento, que abriera la puerta de un golpetazo y me comiera prácticamente de un bocado, pero lo bueno es que no pasaba eso... aún así, la espera se me empezaba a hacer eterna y no es que estuviera esperando a que me devorase, es que la incertidumbre era lo peor del mundo.

Acabé por sentarme en el suelo, entre las escobas y otros artilugios de limpieza. — Pues nada... — apoyé la espalda contra la puerta y encendí el mechero para ver mejor el lugar en el que me encontraba. Fruncí el ceño al ver algo rojo, enganchado al palo de uno de los recogedores, estiré la mano y atraje el trozo de tela hasta que quedó frente a mis ojos para poder examinarlo mejor. Aquel diminuto trozo de tela no era ni más ni menos que una de esas piezas de lencería... un tanga, sí, así los llamaban. — Agh... Así que esto era el picadero de algún listillo o listilla — lancé la tela a un lado y posteriormente froté mis dedos en el hombro de mi chaqueta.

¿Y por cuál chimenea se habrá perdido Santa esta vez? — me pregunté. Era extraño que no se escuchara ni el más mínimo gruñido procedente del pasillo. Pegué la oreja a la puerta y es que no distinguía nada, tan solo un silencio descomunal que conseguía ponerme más nervioso. Decidí esperar, había que tener paciencia, por ello comencé a registrar las cosas del cuartito, por si había algo que me sirviera de ayuda para mis experimentos.

El aburrimiento comenzó a hacer mella en mi y eso que seguramente no llevaría ni diez minutos en aquella habitación. Había encontrado un cucharón, cosa que no entendía, ¿qué pintaba un cucharón en aquel armario? Dio igual, lo examinaba con ayuda del mechero, veía mi reflejo en la base y posteriormente comencé a jugar con él haciendo movimientos sin más, hasta que me di con él en la frente de verdad, no muy fuerte realmente. — Uy... ya está bien — lo deposité a un lado y me dispuse a salir.

Abrí una rendija la puerta, lo justo para asomar mi cabeza y mirar en ambas direcciones del pasillo. — ¿No hay Santas zombies en la costa...? — negué al ser consciente de ello y me atreví finalmente a salir del todo. Sujetando el destornillador con ambas manos empecé a andar en una dirección, hacia una de las esquinas del pasillo, lentamente, paso a paso, como había visto a policías y militares en las películas de acción. Apenas podía hasta respirar de los nervios, temiendo que hasta el más mínimo ruido pudiera atraer al dichoso Papá Noel.

Cuando giré la esquina y vi que no estaba solo comencé a gritar a la vez que alzaba aún más el destornillador. — ¡¿A QUIÉN TE VAS A COMER AHORA SANTA ZOMB...?! — antes de llegar a rozar a la mujer que tenía justo en frente detuve el destornillador entre ambos, en alto, viendo que estaba viva y coleando. — Oh, tú no eres Papá Noel... — obvio que no, había muchas diferencias entre el Santa y la mujer. Pero parecía gravemente herida, se encontraba tirada en el suelo y podía ver sus ropas llenas de sangre.

¿Te han mordido? — me acerqué a ella y me agaché a su lado. — Me llamo Leo, deja que vea la herida y te ayude — asentí con suavidad.


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Mensaje por Abigail Roth Lun 01 Ene 2024, 23:29

Fue incapaz de levantarse, de hecho hasta se quedó allí durante un buen rato más. Unos minutos, seguía allí tirada cuando escuchó una voz. Y a punto estuvo de darle un ataque al corazón, hasta que vio al joven acercarse.

Ah... pues me alegro de que te des cuenta de que no soy un zombie gordo y repulsivo... ¿Gracias? — Abby arqueó ambas cejas. A simple vista él no parecía muy peligroso, pero a saber... de hecho hasta parecía preocupado por su estado de salud. — Yo soooy... Abby — dijo en un intento de acomodarse, pero su expresión dolorida lo dijo todo.

No, no me han mordido, me atacaron pero caí sobre una mesa de cristal y... — alzó la mano que tenía depositada en su costado. Abby estaba taponando la herida y al hacerlo brotó algo de sangre, por lo que volvió a presionar. — Me clavé uno de los cristales y además me he quemado ligeramente las manos al saltar en el ascensor... siento decirte que tu amigo Papá Noel sigue "vivo" — hizo un gesto de entrecomillado con la mano libre al pronunciar la última palabra.

¿Eres médico? — preguntó. Abby acabó por erguirse ligeramente, lo suficiente como para arrastrarse apenas un metro y poder apoyar su cabeza en una pared. — Creo que no es una herida grave, ¿no? — enarqué una ceja algo preocupada. — Odiaría haber sobrevivido al fin del mundo para morir después por clavarme un cristal, no sé, me he enfrentado a cosas peores — al decir aquello último se rió.

Mi mochila. Se me cayó al huir del zombie, en ella tengo vendas y analgésicos — explicó. Abby trató de levantarse, pero el dolor se lo impidió. — Joder — la posición y estirarse de esa manera contribuyeron a que sintiera como más sangre brotaba de la herida. La mujer miró alarmada al muchacho.


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Mensaje por Leopold Hart Jue 25 Ene 2024, 20:49

Desde luego eres más guapa que él... mucho más... — negué rápidamente. — ¡Yo soy leopold Hart, aunque todos siempre me han llamado Leo, encantado mucho gusto! — comenzó a decir de forma atropellada para evitar soltar más tonterías que me dejaran en evidencia. — ¿Y qué hace una chica como tú por un lugar como este? — sonreí. Hacía mucho tiempo que no me topaba con nadie fuera del refugio.

¡Ay Dios, el zombie Santa! — recordé repentinamente al zombie gigante. — ¡Rápido, hay un zombie gigantesco por ahí que quiere recuperar la navidad y un par de tallas más de pantalón, corre! — agarré a la mujer por los hombros con toda la intención de ayudarla a ponerse en pie. — Tengo un fantástico armario de refugio, o mejor nos vamos de aquí, mi caravana está fuera, se llama Rose y tiene gasolina... — iba diciendo de forma atropellada, sin llegar a alzar mucho la voz, mientras trataba de que Abby me siguiera levantándose, pero entonces observé sus manos, escuché lo que me decía y me acerqué hacia el hueco del ascensor, no vi nada, pero pude escuchar los gruñidos y comprendí lo que acababa de pasar.

¿Tú no serás Tomb Raider, no? — pregunté al volverme hacia ella.

No soy médico, pero tengo algunas nociones y lo ideal sería coser tu herida — me acerqué y tras pedir permiso con la mirada, observé un poco la herida. — Tengo una camiseta limpia en la mochila — la saqué y comencé a romperla para improvisar unas vendas con las que hacer presión en la herida. — Abby, no es grave, pero tenemos que conseguir que dejes de sangrar o sí será grave — una vez que tapé al herida le ofrecí mi mano.

Vamos poco a poco, a por ella... miraremos si hay algo más por aquí y si no te llevaré a la caravana — consideré que la mejor opción era ponerla a salvo lo antes posible, pero entendía que quisiera sus cosas de vuelta y si tenía analgésicos y vendas serían también de gran ayuda.


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Mensaje por Abigail Roth Dom 28 Ene 2024, 17:02

Abigail miró al chico con una sonrisa que iba creciendo conforme él iba hablando. Lo miraba con diversión, pues parecía que él solo había iniciado una conversación de lo más rara. Y aunque lo acababa de conocer ya le caía bien.

¿Zombie Santa? no... — Leo comenzó a estirar de ella, tratando de ayudarla a levantarse para ir hacia un armario, según decía él, pero es que Abby no era capaz de explicar lo que había pasado y menos de levantarse. La herida estiraba y dolía bastante. — No tienes que preocuparte ya de él, resulta que... — él seguía igual de nervioso tratando de guiarla hacia su "fantástico" refugio, aunque ella opusiera resistencia.

Espera, espera, espera... — empezó a decir ella, obligandole a detenerse. Y entonces pareció entender lo que había querido explicar. De hecho hasta se rió nuevamente por su respuesta. Leo la ayudó con la herida y después a ponerse en pie. Lo más difícil había sido levantarse, pero ahora parecía no doler tanto, al menos al andar despacio.

Me he quemado al agarrarme del cable — volvió a señalar el ascensor y comenzó a caminar por el pasillo, deshaciendo el camino que había hecho cuando el zombie la persiguió, Abby buscaba sus cosas y no tardó en dar con ellas, sobre todo su cámara, que era lo que más le preocupaba. Colgó la bolsa de esta del cuello y la mochila la señaló. — ¿Te importa? Ahora me da miedo agacharme — miró al chico con cierta súplica.

Debería de haber algún botiquín por aquí también — comentó mirando en varias direcciones. — Puedes mirar en mi mochila, aunque si te digo la verdad ya no estoy segura de si llevo o no analgésicos — hizo rodar sus ojos con fastidio.


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Mensaje por Leopold Hart Dom 10 Mar 2024, 18:44

Me acerqué al hueco del ascensor y me asomé, por más que me esforzará no se veía nada, ya que estábamos muy arriba.

¡Qué barbaridad! — exclamé alzando una de mis cejas. Avanzamos por el pasillo tras revisarle la herida y recogí su mochila, la cual me colgué yo para que no cargase con peso, después observé la cámara entre mis manos. — ¿Me dejas desmontarla? Hay piezas que me vendrían bien — la miré. — No te preocupes, lo llevo yo, que no te hagas más daño — asentí varias veces. — Pues con tu permiso... aquí hay algo de venda — comenté al revisar el espacio. — Creo que había una enfermería, sí, vayamos — señalé al final del pasillo.

Anda... espera un momento — dije repentinamente al recordar algo. Fui directo hacia la mitad del pasillo y me estiré para tratar de llegar a la lámpara que descansaba colgada en la pared, quité el cristal que cubría la bombilla y observé el interior, aquellos cables me serían de utilidad. — Que bien, me servirán para una cosa — me estiré todo lo que pude y comencé a desmontar la lámpara, llevando para mi todo aquello que pudiera utilizar posteriormente, hasta la bombilla que parecía estar bien aún.

Bien, ahora sí — no tardamos en llegar, puesto que había carteles que señalaban la enfermería. Al alcanzar la puerta esta se abrió sin problema. Era una habitación no muy grande con muebles blancos, bien iluminada y una camilla en el centro.

¿Te quieres tumbar ahí? — quité las sábanas polvorientas antes y las dejé caer al suelo, luego me acerqué a los muebles para registrarlos. En los estantes, pude encontrar un mechero, leche en polvo y un spray medicinal.

¡Ajá! te limpiaré la herida con esto y además te la vendaré — y eso hizo, tras un rato con mucho cuidado, limpió y luego desinfectó la herida para vendarla. No podía coserla, pero de momento sería sudiciente.


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Leopold Hart

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Mensaje por Agent 4.0 Dom 10 Mar 2024, 18:44

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