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Estás solo, todo está destruído, la muerte quiere cazarte. Has sobrevivido al fin y eso no es todo: esta guerra sigue en pie, pues el fin supone un nuevo principio, uno más tormentoso donde tendrás que demostrar lo que vales. ¿Crees poder sobrevivir?, si no... Abandonad toda esperanza aquellos que os adentráis en este nuevo, virulento y destrozado lugar.
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Cuando los zombies eran cosa de Romero #Thea & Dallas

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Mensaje por Keith B. Kästner Dom 17 Mar 2024, 13:00

22 de octubre de 2012 · Comisaría STARS · Nueva York · 22:00
Hoy está esto muy tranquilo... ¿Por qué? — una curiosa Keith se paseaba por la oficina de los STARS de Nueva York con paso tranquilo. Como si anduviese sobre la barra de equilibrio, la joven de diecinueve años caminaba con lentitud hasta dejarse caer sobre la silla del escritorio de alguno de los miembros de la afamada unidad de élite. La castaña subió ambos pies a la silla, acurrucándose en esta para así impulsarse con ayuda de los brazos y poder girar. Vuelta tras vuelta cerraba los ojos mirando hacia el techo, riéndose como si fuera una cría.

Mary Keith Basanti Kästner — su padre alzó la mirada por encima del informe para regañarla. Keith sabía que en verdad no la estaba regañando, pues de haberlo hecho habría omitido el "Mary", ella no se llamaba Mary Keith, si no que era algo que su padre utilizaba para picarla a menudo, de haberla querido regañar tan solo le habría bastado y sobrado gritar un "Keith", bien alto. Sin embargo, aquella forma poco convencional era también un método de indicarle que su paciencia estaba por venirse abajo y que requería que su hija se comportara como debía. — Si no hay nadie... — Keith se movió perezosa sin mucho ánimo por hacer caso de su padre, pues andaba ahora curioseando las cosas que yacían sobre la mesa en la que se encontraba. Era como si estas le gritaran: ¡Ven, ven! O algo así... Keith observó el nombre del propietario escrito en una de las carpetas y sonrió con picardía. Pertenecía a Hal Ferris, este era el mejor amigo de su padre y a ella siempre le había parecido, seguramente, el tipo más atractivo que había visto nunca. Tal vez un poco sieso... Pero nadie era perfecto.

Keith se puso a registrar entre sus cosas, tal vez encontrara algo interesante que quedarse, un boli, alguno de esos adornos que solían los chicos colocar en sus mesas... Pero efectivamente Hal era aburrido hasta para eso. Cualquiera de sus amigas se habría vuelto loca por estar donde ahora estaba ella, Keith sabía que siempre la acompañaban a su casa o la estación de policías para ver si lograban ver a Hal, nada más, él era el guaperas de los STARS. Se rascó la cabeza mientras trataba de impulsarse de nuevo con ayuda de la mesa, pero esta vez en la dirección del escritorio de en frente, seguro que Thea tenía cosas más interesantes. — Keith... — la joven alzó la mirada ligeramente sorprendida, su padre estaba justo a su lado y la miraba con muy poca paciencia. Su voz denotó no solo cansancio, si no que algo de decepción y ella parpadeó extrañada, nunca la había llamado así y sabía que empezaba a molestarse porque supuestamente había ido junto a él para echarle una mano, para acabar antes con aquel papeleo y así regresar a casa. — Papá lo siento... — Keith suspiró agachando la mirada ligeramente avergonzada. — Hoy he tenido un día complicado y ahora me distraigo con nada, lo siento — la joven se disculpó mientras que se ponía de pie y el señor Kästner cambiaba su expresión rápidamente. Sabía que su hija hacía poco que había empezado con el trabajo más difícil en la facultad y por eso fue comprensible.

Anda, vete a casa... — le pidió su padre porque sabía que tardaría y su hija necesitaba descansar, además de que le dio ternura ver como de todas formas Keith se había acercado aún así para tratar de ayudarlo. — ¡No!, te ayudaré, así nos vamos juntos — Keith se apresuró, no solo a decir aquello, si no que salió disparada en la dirección de su escritorio para sentarse y repasar el papeleo que el señor Kästner acababa de rellenar, normalmente era ella la que escribía, pero hoy había ocurrido al revés. No tardó nada en leer el documento y en anotar por encima un par de cosas extrañas, a lápiz para que su padre lo corrigiera. — ¿Qué arma era? — preguntó ella mientras que se colocaba sus enormes gafas de ver. — Beretta, una R, 93R — el señor Kästner se cruzó de brazos mientras que su hija anotaba aquello, estaba realmente orgulloso de ella. Keith era una chica inteligente, tanto que entendía incluso mejor que él incluso como rellenar esos papeles que le volvían loco, él era un tipo de acción, no de quedarse escribiendo sentado en un despacho. Lo que si sabía es que Keith acabaría siendo una gran forense, sin dudarlo.

Con su ayuda no tardó casi nada en acabar el dichoso informe, justo cuando llamaron a su padre. Él atendió la llamada mientras que Keith añadía ya los últimos detalles, pero alzó la mirada en su dirección cuando el hombre se acercó con esa mirada típica de: Ha surgido algo...Cariño, ha surgido algo y debo salir, vete a casa y avisa a tu madre — se acercó para coger su chaqueta del perchero y le dio un beso en la frente a su hija. — No, no... Terminaré esto y me iré a casa — Keith sonrió de lado. — Ten cuidado — le pidió ella, él asintió. — Hasta luego, no te vayas muy tarde — pidió, ella asintió y el padre de Keith salió rápidamente por la puerta mientras que la joven se disponía ya a terminar aquel papeleo, rellanando los últimos datos, corrigiendo otros o firmando como su padre, que eso era algo que se le daba realmente bien.
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Keith B. Kästner

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Cuando los zombies eran cosa de Romero #Thea & Dallas Empty Re: Cuando los zombies eran cosa de Romero #Thea & Dallas

Mensaje por Thea Grayson Lun 25 Mar 2024, 13:45

- Genial... - susurré mientras alzaba ambas manos y Dallas me miraba como si fuera capaz de fulminarme con la mirada. La expresión de la rubia se tornó bastante seria. - ¿Crees que puedes hacerlo mejor que yo no? - la de Texas se puso de pie tras colocarle las esposas a aquel tipo, el ladronzuelo de unos veinte años a lo sumo, trató de ponerse en pie. Dallas le empujó con el pie haciendo que este cayera al suelo. - Quieto mocoso - susurró ella mientras se acercaba en mi dirección sin apartar la mirada de la mía. Ambas serias, como si fuéramos a enzarzarnos en una pelea. Pero entonces la débil sonrisa en sus labios la delató, además de que yo ya la conocía demasiado bien como para que pese a su mal humor ya supiera que la tejana andaba de broma. - ¡Pues claro que si!, ¿qué te has creído tú? - exclamé de golpe siguiéndole el juego, pese a dejar entrever otra sonrisa en mis labios.

- ¡Claro, ya está la que todo lo sabe! - Dallas alzó la manos quejándose como solía hacer siempre, aunque la mayoría de estas veces fuera siempre de broma. - ¡Lo cierto es que si que podría haberlo hecho mejor, casi me partes el brazo tía! - el detenido se quejó desde el suelo haciendo que Dallas se volviera hacia este. - ¡¿Qué casi me partes el brazo tía?! - sonreí de lado al ver como ella comenzaba con su buen humor de siempre. - Ven, que te voy a enseñar yo a ti... Vamos, mueve el culo niñato - Dallas tiró del brazo de forma brusca para que el tipo se levantase. Seguidamente señaló el enorme pendiente que llevaba este en la oreja, un dilatador de esos... - ¿Y esto para qué es?, ¿para que te enganche y te lleve a comisaría o el que te pasa esa mierda os saca a pasear con un cordón atados? - Dallas agarró del hombro al chico haciendo que caminara. - ¡Vamos joder que no tengo toda la noche! - me mordí el labio aguantando una nueva sonrisa, al par que agachaba ligeramente la mirada y los seguía a ambos en la dirección de la comisaría.

- ¿Cuántas clases te has saltado eh?, porque eres un chico listo... Vender cerca de la estación de policía... O te creías muy listo pensando que aquí no habría vigilancia o eres el tipo más idiota del mundo... - Dallas empujaba al tipo en la dirección adecuada mientras que seguía hablando con su sarcasmo, la verdad es que me encantaba su sinceridad y su forma de ser... Dallas era sencillamente única. Habíamos ido a cenar a un bar de ahí al lado, cuando al salir nos encontramos con una escena única. La persecución no duró mucho y el resultado fue aquel mismo.

Al llegar a la comisaría Dallas se llevó al chico para ficharlo, yo le prometí que subiría a la planta superior, a nuestra oficina para rellenar el informe. Así que aquel día echaría unas horas extras de demás, pues se suponía que habíamos acabado nuestro trabajo al menos una hora y media atrás. La oficina a aquellas horas estaba bastante tranquila. Pasé por la recepción saludando a quien estaba allí de guardia y subí hacia arriba por las escaleras que había al fondo. Me sabía aquel recorrido de memoria, ese lugar era prácticamente mi segundo hogar, por no decir el primero, pues me pasaba la vida allí metida básicamente. Al llegar al pasillo me acerqué a la puerta y pasé hacia el interior encontrándome con una auténtica sorpresa.

Sentada en la mesa de Frost estaba nada más ni nada menos que la hija de este, allí sola, sin nadie más. De haber sido otra persona habría puesto el grito en el cielo, pero tratándose de ella solo pude sonreír. Frost no las tenía todas con él a la hora de redactar informes y aunque no fuera bien visto solía ser su hija la que le rellenaba todo el papeleo. Al principio me pareció lo más incompetente del mundo, hasta que entonces me fijé en que los impresos siempre estaban bien, lo curioso era ver que estaba ella sin la compañía de él. Resultaba normal verla de vez en cuando, pues muchas veces Frost se llevaba el trabajo a casa. - Vaya, así que la señorita Kästner también está echando horas extra? - sonreí a la vez que me acercaba y me sentaba en el borde de la mesa. - Keith, hacía ya un par de semanas que no nos veíamos, ¿qué tal estás? - pregunté con un notable tono de cariño en mi voz, pues aunque llevara tal vez dos años allí, su padre más y claro, Frost y mi padre siempre se habían llevado bien, por lo que conocía a la hija de Frost desde que ella tenía unos quince años más o menos. - Tengo entendido que acabas de empezar con la universidad, ¿qué tal vas? - y es que era más que sabido, pues Frost estaba muy orgulloso de ella y siempre le sobraban los momentos para dedicarle alguna mención, Keith estaba estudiando criminología y todos estábamos convencidos de que lo haría muy bien, tan solo había que ver como le gustaba echarnos una mano siempre que podía y lo bien que lo hacía.


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Mensaje por Keith B. Kästner Miér 27 Mar 2024, 21:16

Tras aquello la joven tomó asiento en el sitio de su padre y se puso a acabar con todo aquel papeleo. Sencillo, lo cierto era que aquellas cosas le parecían bastante sencillas. Keith solía prestar atención a todo cuanto su padre le contaba sobre los casos en los que intervenía, después de aquello era tan solo rellenar un par de campos en los que se pedía aquella información, a veces le costaba entender por qué a su padre le suponía tantos problemas aquello.

Oh mierda... — Keith se quejó, uno de los campos lo había rellenado mal y ya sabía que no admitían tachones ni manchas de corrector en aquellos impresos, puedo aunque estuvieran firmados y demás podría haber llegado alguien después y haber cambiado algo importante. Sin más se levantó y se acercó al archivo que había al final de la oficina, pues prácticamente sabía donde estaban todas las cosas en aquel lugar. El problema era que las llaves la tendría su padre. La castaña se giró mientras echaba un vistazo a su alrededor, la mesa de Dick Grayson descansaba al final, presidiendo la oficina delante de una pared adornada con una enorme bandera del grupo, los STARS de Nueva York. — Bueno, espera... — miró de nuevo hacia su alrededor para asegurarse de que verdaderamente no había nadie, su principal miedo era la puerta principal, pero aún así no le importó. Seguramente Thea conservaría alguna llave del archivador en su mesa. Así que se acercó a la mesa y tras sentarse en su silla comenzó a registrar por encima las cosas, con cuidado de no desordenar nada. Y tenía razón, las cosas de Thea eran mucho más interesantes que las de Hal. — Vaya hombre más aburrido — exclamó justo cuando escuchó pasos que provenían del pasillo que dirigía hacia la oficina.

Keith en aquel momento sintió que le iba a dar un infarto, saltó prácticamente de la mesa de Thea cerrando los cajones como pudo y corrió lanzándose literalmente sobre la silla de su padre, justo cuando la puerta se abría y ella agachaba la mirada simulando que escribía sin enterarse de nada. Todos en la oficina conocían que Keith ayudaba a su padre con el trabajo, al menos con esa parte que podía realizar, pero claro, de ahí a que la encontraran registrando la mesa de otra persona... Richard a veces se sentía reacio a tenerla por allí y seguramente más de uno pero no lo decían, por lo que prefirió simplemente alejarse de los posibles problemas. Y cuando reconoció la voz de Thea respiró aliviada. La miró con una amplia sonrisa. Verdaderamente Keith admiraba a aquella mujer y además se conocían desde que su padre entró en los STARS, pues sus padres eran buenos amigos además, así que solían verse a menudo. De ahí la alegría de volverla a ver, pues tenía mayor confianza con ella que con el resto de STARS.

¡Thea! — exclamó mientras veía como la morena tomaba asiento en el borde de la mesa. — Cierto, con la universidad apenas he tenido tiempo de pasarme por aquí, así que busqué un hueco para venir a saludar y a ayudar a mi padre, ya pensaba que no te vería — puso una expresión triste al decir aquello y negó mientras sujetaba el bolígrafo con ambas manos y la miraba con cierta timidez. Le resultaba extraño estar en aquella posición, Keith en la oficina y ella como si fuera la invitada. Entonces se fijó en que había tirado algo de la mesa de Thea con las prisas, una carpeta y se sintió la peor persona del mundo.  — Si, bien, aunque me siento en otro mundo, la verdad... — sonrió agachando la mirada, no podía mentirle a la morena, siempre había sido muy amable con ella y sin más se levantó y recogió la carpeta dejándola sobre la mesa de ella. — Estaba buscando la llave del archivador, pensé que tú tendrías una copia en tu mesa y lo tiré, lo siento... Pero, cometí un fallo con el formulario y tenía que buscar otro limpio... Y mi padre no está... Y yo estoy muy cansada — hablaba con un evidente tono de culpa en su voz mientras señalaba en las direcciones y finalmente la miraba de nuevo a ella.  — Perdona — susurró arrepentida al final.


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